Lo que me hubiera gustado que alguien me dijera antes de casarme

antesdecasarmeSi hubiera sabido estas tres cosas antes de casarme, habría estado mucho mejor preparado.

Cuando era soltero, regularmente pedía a mis amigos casados sus consejos para tener un matrimonio feliz. Casi todas las respuestas eran básicamente lo mismo. "Solo recuerda esto: el matrimonio es trabajo duro". Era todo lo que obtenía, sin alguna explicación adicional.

Mis amigos hacían que el matrimonio sonara tan triste, y yo con frecuencia expresaba cuanto me inquietaban sus palabras. Buscaba a estas personas para obtener inspiración, y parecía que quisieran hacerme huir del matrimonio.

Ahora que estoy casado por ya cinco años, estas conversaciones ya no parecen tan desalentadoras, pues finalmente entendí por qué mis amigos me decían eso: me conocían muy bien. Ellos sabían que estaba idealizando el matrimonio, y sabían que me decepcionaría si no estaba consciente que el matrimonio me retaría en muchas formas para las que yo no estaba preparado.

Pero de cualquier modo, no los estaba escuchando. En realidad estaba escuchando a mi imaginación que me decía que yo era diferente. No tenía que aprender de la forma difícil, pues tenía lo necesario para ser un buen esposo desde el inicio.

Y entonces, me casé.

Si solamente pudiera regresar el tiempo y hablar conmigo mismo, me explicaría que el matrimonio no es solo trabajo duro, si no que sería aún más duro para mí. Estoy casi seguro que mi viejo hombre me habría odiado por no expresarle esa suprema confianza en sus habilidades maritales inexistentes, y en caso de que me hubiera escuchado, esto sería lo que yo diría:

Es dificil vivir contigo.

Perdón por decírtelo de este modo, pero en realidad es difícil vivir contigo, y la razón por la que no te das cuenta es porque has vivido solo la mayor parte de tu vida de soltero. Así que la única persona con la que has tenido que convivir eres tú mismo. Eso es fácil.

Ocasionalmente conoces personas difíciles, y asumes que todo es por causa de ellos y no tiene nada que ver contigo. Si en realidad vivieras con otras personas, quizá empezarías a ver que las relaciones difíciles no siempre son culpa de la otra persona. Puede tener algo que ver con el hecho de que ambos son insensibles a las necesidades de los demás y eres hipersensible ante las personas que te retan.

Así es como se percibe esto en tu vida diaria: Insistes en hacer tu voluntad más de lo que te das cuenta. Te separas de aquellos que no te muestran simpatía y tomas tus opiniones veinticinco añeras más en serio de lo que merecen.

Bien, te tengo noticias: esa esposa amorosa con la que tanto has soñado despierto, no te dejará seguir con esto. Será una persona fuerte, con mucho respeto por sí misma y te dará todas las retroalimentaciones que no has tenido mientras has vivido solo. La acusarás de ser altamente crítica, y de ser irrespetuosa, incluso la juzgaras por ver la verdad. Y por un tiempo, te aislarás de los efectos positivos que esta retroalimentación te puede traer.

La buena noticia es que eventualmente, te encontrarás acorralado. En tu primer año de matrimonio, tendrás la iniciativa de hacerte amigo de mentores casados, hablar francamente con ellos sobre tu matrimonio y pedir su consejo. Y cuando esos hombres te digan la dolorosa verdad que has escuchado de tu esposa, sentirás vergüenza al inicio. Pero con su apoyo y el amor de tu esposa, empezarás a vivir el proceso hacia la humildad.

Eres algo machista.

Seamos francos: piensas que las tareas domésticas no son para ti. Creciste con una madre abnegada que hacía todos los quehaceres del hogar sin obtener mucha ayuda de tu parte, y te sentías muy orgulloso si alguna vez podabas el césped.

Después de varios años de vivir en un departamento, ni siquiera tienes que podar. Y cuando se trata de labores domésticas, dejas los trastes en el lavabo, no trapeas el piso, no tiendes tu cama y mejor no hablemos del baño.

Tu flojera causará muchos problemas en tu matrimonio. Pero lo que realmente generará fricciones es lo que hay atrás de ella: esto es, que no te gusta hacer trabajos de mujer. Como todo un “macho”. Vamos, admítelo, no te importaría si tu esposa pasara una hora cocinando y te dejara leer un libro mientras ella lava los trastes. Y la razón por la que no te importaría es porque asocias los lavabos, trapeadores, escobas  y aspiradoras, con las mujeres.

Hermano, escúchame. Esto es un problema, y no es un problema solamente por que minimiza a la mujer. Es un problema porque muestra como muy en el fondo ves a tu esposa un poco como una sirvienta. Pero no te preocupes, ella se dará cuenta de eso y de inmediato te exigirá que la trates como tu pareja, no como una empleada. Desafortunadamente te resistirás al inicio.

Lidiarán con ello una y otra vez, hasta que un día, a los dos años de matrimonio, tomarás una esponja para tallar el cochambre de los sartenes, y te darás cuenta que lo haces porque es tu deber. También llegará el día en que te des cuenta que no es justo que hayas pasado 45 horas trabajando en la oficina, regreses a casa a cenar y esperes que ella limpie todo tras haber pasado el día entero con los niños y carriolas.

Después, estarás voluntariamente trapeando un par de veces por semana y recogiendo la basura que se sale del bote. Es decir, te darás cuenta que tu esposa y tú están para servirse mutuamente hasta que el trabajo esté hecho. Y de repente, cuando todo eso suceda, el matrimonio se volverá más fácil, y descubrirás lo maravilloso que es cuando eres útil en la casa.

Te casas con una mujer quebrantada.

Lo siguiente que hará que tu matrimonio sea un trabajo duro, será dejar de lado tus expectativas de tu esposa. Tienes una larga lista de cualidades que quieres en ella y  –  buenas noticias – tendrá muchas de ellas. Pero también sus fallas y las partes difíciles de su carácter llegan con ella al matrimonio, y lidiar con ellos te llevará al límite de tu paciencia.

No hay necesidad de hablar específicamente de esos defectos, pues no es importante. Lo que importa es que entiendas que tú estás aún más quebrantado de lo que te das cuenta, y te casarás con una mujer que está más quebrantada de lo que ella se da cuenta.

No te voy a mentir: desde el inicio lucharás y te preguntarás por qué el matrimonio es tan difícil, pero la buena noticia es que en tu matrimonio habrá mucho más que luchas. Recorrerán un camino juntos, orando unos por otros, apoyándose en las pruebas y haciéndose reír. Así que no te preocupes: se amarán y eso será más importante que todas sus frustraciones.

Y respecto a esas frustraciones, hay aún mejores noticias: empezarán a dirigirlas hacia Jesús, y Él las usará para revelar esa impaciencia, orgullo y soberbia que hay en sus corazones.

No será fácil al inicio, pero con el tiempo, empezarán a ver que es la respuesta a sus oraciones. Y no estoy hablando de sus oraciones por un cónyuge, si no todas aquellas veces que oraste a Dios para que te ayudara a crecer espiritualmente.

Cuando oraron por ello, sospecho que Él sonrió y dijo “¿Quieres crecer? ¿Ah, quieres una esposa?  – Aguanta, que la ayuda viene en camino”.


Fuente: Joshua Rogers
http://www.boundless.org/relationships/2014/what-i-wish-someone-had-told-me-before-marriage

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Juntos y Unidos es un programa de consejeria biblica para matrimonios o parejas creyentes o no, que busca traer Gloria a Cristo, mediante la proclamación de la unidad, la armonía, la reconciliación y el perdón en una relación.

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