La complicada vida de los chicos perezosos – Paul Maxwell

Paul Maxwell / 23 de marzo 2015. Traducción al Español Myrna Ortiz

perezaEl hombre moderno tiene un gran problema que los identifica. La mayoría puede ser descrito bajo una palabra: perezoso. Hay diferentes maneras de pronunciar esta palabra – dependientes, derrochadores, ineptos, ingratos, complacientes, indignos, poco impresionantes, indisciplinados – todos con una misma raíz: el hecho de no hacer, de evitar  el trabajo, y aspirar a lo  mínimo indispensable.

Los ciclos de la pereza eventualmente se convierten en ciclos de violencia. Así como nuestro “músculo” para  negarse a uno mismo se atrofia en el trabajo, debido a la inactividad, nuestra capacidad de negarnos a nosotros mismos en las relaciones se debilita también. La semilla de la inclinación al abuso está incrustada en el egoísmo de nuestra pereza. Un hombre que se deshonra a sí mismo, con el tiempo va a deshonrar a otros (Proverbios 18: 9).

Sin embargo, la pereza masculina es a la vez, incomprendida y subestimada por la mayoría. Hasta que  entendamos la pereza, no  seremos capaces de trabajar bien. Hemos tratado de gritarles a los hombres y burlarnos de ellos, y esto no ha resultado la mayoría de las veces, ni por un momento. En su lugar, echemos un vistazo a la complejidad de la pereza para ver  qué hay más allá de  ésta, en lo profundo, y  cómo el evangelio sana y  empodera de nuevo a los perezosos hombres.

Existen (por lo menos) cinco ciclos viciosos que persisten en la inactividad masculina. Cada uno destaca una lógica diferente detrás de nuestra tendencia a la pereza y la complacencia.

1. Ciclo de ineficiencia

La locura se ha definido como hacer la misma cosa una y otra vez y esperar resultados diferentes. Cuando los chicos son ineficientes en su planificación, trabajo, gastos y la lucha contra el pecado, su fracaso constante puede generar el   fuerte mensaje: "No eres lo suficientemente competente para la vida."

En ese momento, ¿por qué no darse por vencido e irse? Prioridades y métodos ineficientes están trabajando en contra de los hombres. Y otros hombres dicen, "Sigamos trabajando" otros escuchamos "Sigue  intentando las mismas cosas que no han funcionado", y, "vive una vida frustrada y vacía." Así que dejamos de planificar, dejamos a un lado el trabajo, y evitamos el riesgo. Las demandas de la vida aumentan, y a su vez, nos retiramos aún más. En la raíz de este ciclo está la inseguridad, pero la semilla es una carencia básica de ser competente en las habilidades de vida.

El ciclo de Ineficiencia: Incompetencia →  Esfuerzo→ Fracaso→ Frustración → Inactividad→ Incompetencia

2. Ciclo  del Agobio/Abrumamiento

Un hombre puede sentirse abrumado porque todo lo siente como demasiado. Cuanto más  tiempo las tareas queden sin hacerse, más crecerá la sensación de ineptitud ante este gigante y amorfo desastre de tareas no completadas, la tarea sin realizar grita: “No eres un hombre verdadero,” El trabajo no realizado, es una buena excusa  para ser cruel con uno mismo y  para  pensar que la adoración a Dios no vale la pena. Es más fácil  evitar un problema que enfrentarlo.

Cuando a un hombre se le da demasiado trabajo y  no tiene los recursos y las herramientas suficientes  para llevar a cabo las tareas, se bloqueará. Este ciclo comienza no tanto con la ineficiencia, sino con la desorganización. El ciclo de ineficiencia carece de herramientas, el ciclo del agobio  carece de un plan. Sin la capacidad de analizar y priorizar su carga de trabajo, casi cualquier tarea puede abrumar a un hombre.

El Ciclo  de  Agobio: Desorganización → Esfuerzo → Resultados insuficientes → Pánico  → Inactividad→  Creciente carga de trabajo → Desorganización

3. Ciclo de la Adicción

Los hombres son a menudo atrapados en un ciclo de adicción, que a la vez (1) toma tiempo y energía, y (2) le roba la capacidad básica para realizar tareas.

Comer en exceso, roba energía física.

Beber, roba dinero y el enfoque.

Ser indulgente con respecto a la pornografía, roba la conciencia espiritual básica

Este ciclo a menudo conlleva a los otros ciclos – las adicciones son  formas de  lidiar con sentirse atrapado. La evasión masculina es activa, desgarradora, y brama por estar libre de acusaciones, por salvarse de  la incompetencia, ineficiencia, y la responsabilidad. El ciclo de la adicción es el gancho que atrae a un hombre a la profunda obscuridad – los hombres que  son oprimidos fácilmente por sus deficiencias, "abandonan los caminos de la rectitud para andar en los caminos de la oscuridad" (Proverbios 02:13).

El ciclo de la adicción es el broche que a menudo mantiene fuertemente atados a los hombres  en otros ciclos destructivos de la pereza. La adicción ofrece la ilusión de que la alegría divina es posible sin Dios – y con la promesa ilusoria de un descanso revitalizador a  través de la indulgencia adictiva, ¿qué necesidad hay  de las bondades del  trabajo, o (aún más absurdo) o del descaso sabático?

El Ciclo de Adicción: Fatiga →Indulgencia →Satisfacción  → Negligencia → Aumento de las presiones externas → Ansiedad →Fatiga

4. Ciclo de desmotivación

Todo el mundo alrededor de nosotros grita, "¡Trabaja!" Así que los hombres sólo lo hacen, y se dan cuenta rápidamente que el trabajo no tiene un propósito  ni un final en sí mismo. ¿Por qué trabajar? La presión de los amigos  sólo durará un tiempo. El hecho de no darle  una razón justificada, un propósito existencialmente convincente,   le da a los hombres una excusa para simplemente dejar de trabajar. La pregunta no es, "¿Por qué son los hombres tan perezosos?", sino: "¿Por qué los hombres no han encontrado algo por lo que  valga la pena  trabajar?"

Sin motivación – sin un propósito –  ¿qué razón tiene un hombre  para hacer algo, después de todo? Cuanto más tiempo permanezca  sedentario un hombre, más convencido estará de que el trabajo simplemente no vale la pena.

El Ciclo  de desmotivación: Falta de motivación →  Inactividad → El trabajo parece más difícil → Trabajar parece valer menos la pena el esfuerzo → La falta de motivación

5. Ciclo de la afición

Los chicos hoy en día  tienen una crisis en el primer cuarto de su vida y entran al  ciclismo, a la elaboración de cerveza casera, a la pesca, al juego o al levantamiento de pesas. Los chicos ahora hacen cosas, no para proveer, sino para convencer al mundo (y tal vez a ellos mismos) que son tan valiosos como sus  muy trabajadores padres. Ellos están en el  ciclo de lo que David Powlison llama "placeres inocentes" – "Los placeres inocentes funcionan exactamente de la manera opuesta al  ciclo de la adicción. Toma cada vez menos y menos trabajo, impulsar la palanca de la alegría. Se necesita menos estímulo para una mayor gozo".

¿Qué necesitamos para el  verdadero gozo? Bueno, ¿qué es el  verdadero  gozo (para un chico perezoso y aficionado)? Es la alegría que nos lleva por la vida, No es la alegría de vivir, sino de sobrevivir. ¿Cómo  se ve esa alegría por sobrevivir en  un  hombre perezoso?  Evitando más y más trabajo – escapándose en un hobby. Los hobbies o aficiones pueden ser buenos regalos de Dios, pero el hombre fue hecho  para trabajar. Un entretenimiento por más competente no puede sustituir a una  profesión para luchar en la vida. "El alma del perezoso desea, pero nada consigue,  más el alma de los diligentes queda satisfecha." (Proverbios 13: 4 LBLA).

El ciclo de la afición: Afición o entretenimiento → excusas para no trabajar → más tiempo para el entretenimiento → Más afición → Menos interés en el trabajo → Más afición o entretenimiento

Un martillo, No un maso.

Esto puede sentirse como una bomba atómica de juicio para algunos, más al ver  mi propia pereza, sin duda, es como yo lo he sentido. Si somos honestos, el hombre perezoso se odia a sí mismo, y por lo tanto trabajaremos duro para evitar la condenación, tanto  como lo hacemos para evitar el trabajo. La verdad acerca de nuestra pereza, no es el golpe  final  de culpabilidad, sino que es más una herramienta – un martillo –  para escapar de la esclavitud  del letargo que nos roba la vida.

Antes de que podamos escapar de los patrones de la pereza, necesitamos entender: que estamos encadenados por los ciclos del pecado – nos retiramos  y lo repetimos – y que no es fácil escapar. Necesitamos saber lo que necesitamos – dónde y cómo la gracia de Dios llega al hombre perezoso.

El Rey sabio lo sabe: "La sabiduría del prudente está en entender su camino,
más la necedad de los necios es engaño." (Proverbios 14: LBLA). ¿Qué es lo primero que un hombre perezoso puede hacer para encontrar la salida de la pereza? Él debe reconocer específicamente en  forma personal y práctica,  la posición en que se encuentra para  "discernir su camino."

Y la gracia de Dios comienza lentamente, poco a poco, y centímetro a centímetro. Permanece en la lucha. Hay esperanza para salir de tu ciclo – salir  de esa  carga y que te mantiene en la cama, frente a la TV, fuera de tu lugar de trabajo y de la iglesia. Tu historia no ha terminado

El inestimable regalo de lentes correctivos.

Jon Bloom / 23 de marzo 2015

“Jesús murió por mí. ¡Qué tesoro debo ser!”

Ahora, ¿de dónde viene esa idea? Por años, he escuchado a mucha gente decir algo en este sentido. Pero unos pocos minutos de  una honesta auto-evaluación,  deberían dejarnos con unas preguntas serias, por no mencionar el hecho de que esta idea, no es bíblica.

No, Jesús no murió para adquirir tesoros. Jesús murió para rescatar a sus enemigos (Marcos 10:45; Romanos 5:10). Jesús  no vino a llamar a los justos, sino a pecadores al arrepentimiento. (Lucas 05:32). No somos la Perla de Gran Precio; Jesús es (Mateo 13:46). Es la alquimia de la Expiación la que transforma nuestra base de hierro de la depravación pecaminosa, en el oro del Gran Tesoro. Es sólo el estar unidos a Cristo que nos convertimos en los tesoros de Dios.

El extraordinario poder de los lentes

Entonces, ¿dónde viene esta idea? Lentes defectuosos.

Por el camino, el orgullo cegador de la gente, el engaño demoniaco, y/o la  enseñanza defectuosa causó que las personas al mirar a la cruz, al ver  a Jesús colgado en el árbol maldito a donde ellos pertenecen,  de alguna manera vieran y tuvieran la idea de que ellos son de gran estima, en lugar de valorar  la verdadera Perla y Su asombrosa gracia, la cual salva miserables  como nosotros.

Los lentes son cosas extraordinariamente poderosas. Nosotros interpretamos la realidad en función de la forma en la que vemos. Si algo está mal con nuestra visión –o con  nuestros lentes – no vamos a ver lo que es real. Veremos una distorsión de ella.

Y esto es mucho más importante cuando se trata de la visión espiritual, que de la visión  física. He aquí como Jesús lo dijo:

La lámpara de tu cuerpo es tu ojo; cuando tu ojo está sano, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando está malo, también tu cuerpo está lleno de oscuridad. Mira, pues, que la luz que en ti hay no sea oscuridad. (Lucas 11: 34-35LBLA)

El grado en que nuestros ojos espirituales no son  sanos, es el grado en que nuestro entendimiento es oscuro.

Todos necesitamos lentes correctivos

La verdad es que todos tenemos ojos espirituales no sanos, que necesitan lentes correctores para dejar entrar más luz y refractar la luz con precisión. Y los lentes correctivos que Jesús nos proporciona son Su Palabra y el don de la enseñanza en la iglesia (Efesios 4:11). Cuando los maestros "hablan correctamente” la Palabra de verdad (2 Timoteo 2:15), la gente recibe la vista correcta y sus "ojos"  se corrigen siendo más  saludables y su alma más llena de luz.

Y cuando se trata de ver, no hay nada más importante que la gente vea claramente  el por qué Jesús vino a morir.

Cincuenta razones por las que Jesús vino a morir

Al recordar la muerte y resurrección de Cristo de manera más enfocada, es posible beneficiarse de la lectura del libro Cincuenta razones por las que Jesús vino a morir de John Piper. Son sólo 122 páginas, y cada capítulo es de sólo dos páginas, sin embargo es de gran poder, aclara nuestra visión acerca  del  evento más importante en la historia humana. Tal vez haya alguien a quien conozcas, que podría beneficiarse al ver claramente por qué Cristo murió por él, lo que también ayudará a ver todo lo demás con mayor claridad. Este libro está disponible gratis electrónicamente, o puedes solicitar una copia física.

El manejo correcto de la Palabra de Jesús es uno de los regalos más grandes que jamás podamos recibir o dar a alguien más. A través de ella, todos recibimos ojos saludables y almas iluminadas.

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