Señor cuídame de desperdiciar mi vida-Jon Bloom

Señor, cuídame de desperdiciar mi vida 

 

Ser diligente es un trabajo duro, pero la diligencia no es sinónimo de trabajar duro. Sé por experiencia personal que uno puede levantarse temprano e ir a la cama tarde, y gastar mucha energía, y estar muy ocupado, no ver la televisión ni perderse en atracones de redes sociales —uno puede parecer trabajar duro— y aún no llegar a hacer aquello que en realidad importa.  

La diligencia combina la voluntad de trabajar duro con un enfoque exigente, un sentido de urgencia, un cuidado vigilante, y con la perseverancia fiel. Y uno de los llamados bíblicos mas claros a la diligencia es la exhortación de Pablo:

“Por tanto, tengan cuidado cómo andan; no como insensatos sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Así pues, no sean necios, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor”. – Efesios 5:15-17

Enfoque que discierne

Una persona diligente busca “entender cuál es la voluntad del Señor” (Efesios 5:17). Basado en el contexto, Pablo no se está refiriendo a la voluntad oculta de Dios (por ejemplo, acerca de si debemos casarnos o con quién). Se refiere principalmente a la voluntad revelada de Dios con respecto a los pecados específicos que deben evitarse. Aprendemos a “discernir lo que es agradable al Señor” (Efesios 5:10). 

Pero juzgando por la forma en la que Pablo veía la vida —viviendo como un “soldado” que evita los “negocios de la vida” a fin de “agradar a aquel que lo tomó por soldado” (2 Timoteo 2:4)— se puede asumir que Pablo afirmaría la aplicación de este principio a las prioridades menores que, aunque no son intrínsecamente inmorales, nos distraen de nuestro enfoque. Tanto las distracciones innecesarias como las distracciones pecaminosas a menudo son difíciles de abandonar.  

Mientras escribo, un problema en mi vida me está causando gran preocupación y ansiedad. Hay una mezcla de ansiedad buena, similar a la ansiedad de Pablo por las iglesias (2 Corintios 11:28) y de ansiedad pecaminosa, aquella que Pablo instruyó a los Filipenses a no gratificar (Filipenses 4:6-7). La diligencia me exige discernir cuál es cuál y tratar con el pecado apropiadamente.

Pero también la diligencia requiere que yo discierna que la voluntad de Dios en este momento es enfocarme en terminar mi trabajo del día de hoy y temporalmente dejar a un lado el problema exigente, que aunque importante, no es de prioridad por el momento.

En un sentido muy real, una persona diligente debe aprender a ser negligente. Hay cantidad de gritos y tentaciones exigentes y prioridades menores que una persona diligente debe desatender estratégicamente.  Esto requiere el desarrollo de la disciplina del enfoque que discierne.

Sentido de urgencia

Una persona diligente “[vive] aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:16). Se da cuenta de que el tiempo es limitado. Una vez más, el contexto nos dice que es probable que Pablo tenga en mente la santidad: No hay que perder el tiempo en el pecado. El mejor uso del tiempo es para ser llenado con el Espíritu y llevar el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23) y no disipando pecados como la embriaguez o la fornicación (Efesios 5:318). 

Y nuevamente, Pablo diría lo mismo de los “negocios de la vida”. No hay tiempo suficiente para hacer todo lo que nos gustaría disfrutar. Aun como soldados, no hay tiempo suficiente para hacer todas las cosas muy buenas y de ayuda espiritual que nos gustaría hacer. Pero si hay tiempo suficiente para que hagamos lo que Dios nos da para hacer (2 Corintios 9:8). 

Una persona diligente siente urgencia durante el breve tiempo que tiene en la tierra y busca usar sabiamente el corto número de días que tiene en las pocas cosas que discierne ser lo más importante para él (Salmo 90:12). 

Cuidado vigilante

Una persona diligente también mira cuidadosamente la forma en que camina, “no como necios sino como sabios” (Efesios 5:15). Este tipo de atención requiere una vigilancia cultivada. Esto no es algo natural para la mayoría de nosotros. 

La mayoría de nosotros tenemos una inclinación natural a caer en rutinas familiares de pensar y de comportarnos. La mayoría de nosotros tenemos hábitos pecaminosos, o defectuosas respuestas emocionales a ciertas situaciones y dinámicas relacionales que fueron condicionadas durante la infancia y la adolescencia. Ni siquiera notamos estas cosas, porque no nos estamos examinando cuidadosamente. La mayoría de nosotros no queremos gastar la energía mental, emocional y espiritual para cultivar un cuidado vigilante sobre nuestro diario andar. 

Lo que significa que la mayoría de nosotros no somos sabios. Yo sé que no lo soy por naturaleza. No tengo una inclinación natural a este tipo de vigilancia. Pero yo soy lo suficientemente mayor como para darme cuenta de los beneficios reales, a largo plazo, de la vigilancia en lo que la he aplicado… así como las consecuencias en las cosas en las que no la he aplicado. Esto solo aumenta mi decisión de abandonar la locura de la falta de cuidado y mirar con más cuidado cómo ando. 

Perseverancia fiel

Y, por último, las personas diligentes fielmente perseveran en el cultivo y la aplicación de un enfoque que discierne, un sentido de urgencia, y un cuidado vigilante sobre cómo viven. Esto no es explícito en el texto, pero sin duda es implícito, sobre todo en la palabra “tiempo” (Efesios 5:16). 

Los “días malos” describen la época en que vivimos. Cada uno de los días que vivimos como cristianos en la tierra, hasta que sean tomados por la muerte o el regreso de Jesús, están en batalla contra el mal, lo cual Pablo deja claro en Efesios 6. Los peligros de caer en el pecado o entregarnos a los “negocios de la vida” no desaparecen. La exhortación de Pablo es una que debemos aplicar “cada día, mientras todavía se dice: ‘Hoy’; no sea que alguno de [nosotros] sea endurecido por el engaño del pecado” (Hebreos 3:13). 

Lo que sea necesario

Toda diligencia es arduo trabajo. Pero la diligencia cristiana va más allá de un trabajo duro para cultivar un enfoque que discierne, sentido de urgencia, cuidado vigilante, y perseverancia fiel por medio de el Espíritu.  Y un cristiano sabe que sin la ayuda de Dios, vamos a fallar al blanco y desperdiciar mucha vida en una gran cantidad de pecado y “negocios de la vida”. Por eso oramos:

Cueste lo que cueste, Señor, aumenta mi deseo de hacer tu voluntad con toda diligencia.


Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Stephanie González

Jon Bloom sirve como autor, miembro de la junta, y cofundador de Desiring God. Vive en Minnesota con su esposa, Pam, sus cinco hijos, y su perro.

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