Pablo Contreras

Cuando mi hija mayor estuvo en el proceso de preparación de su boda y haciendo los preparativos para su nueva vida en matrimonio, decidieron por la misericordia de Dios, no veo otra razón, buscar una nueva iglesia donde congregarse, llegando a Horizonte donde justamente iniciaba el taller Juntos y Unidos, una semana antes de comenzar y por solicitud de nuestra hija nos sentamos a conversar, porque quería externar su preocupación por nuestro matrimonio y nuestro hogar antes de salir de casa, donde recuerdo que mi esposa dando su conclusión comento que este taller sería la última oportunidad de restaurar, ya que de lo contrario el siguiente paso sería la separación.

Iniciamos el taller, las primeras sesiones seguíamos con algunos problemas, pero hubo un poco más de calma, nos gustó la forma de abordar la palabra y decidimos con nuestros hijos empezar a asistir los domingos, de hecho mis hijos poco iban a la iglesia anterior, lo mismo que nosotros.

Que pasó exactamente en esos siguientes domingos?, no lo sé, lo único que sé, es que en cada predicación sentía un quebrantamiento fuerte del Señor a través de su Palabra, de hecho un par de veces me acerque con el pastor al final del culto, no recuerdo si a saludarlo o qué, tal vez solo esperando encontrar alguna señal de Dios, solo recuerdo que yo le decía, "creo que Dios me está haciendo pedazos con cada predicación de la palabra", y el solo decía, "Dios es Bueno, cierto?", y simplemente por mi garganta ya no podían pasar palabras.

Recuerdo que fueron varios domingos así, con las predicaciones de la serie Mi Salvación viene del Señor, donde fui comprendiendo que nunca le habría creído a Dios y que estaba prácticamente “pelas”, fui siendo quebrantado cada domingo y cada vez pidiéndole a Dios por su misericordia y perdón, hasta que me di cuenta que estaba naciendo de nuevo finalmente y por primera vez, por la Gracia de Dios.

Nunca había experimentado la sensación de sentirme seguro de mi salvación, (incluso muchas veces en mi vida dudé sobre su existencia y absurdamente le reclame lo mismo, "que absurdo", reclamarle no creer a quien no le crees), de sentirme perdonado, consciente de que seguía siendo pecador, con posibilidades de fallar, pero en ese momento totalmente perdonado, con una sensación de sentirme en esos momentos "sin Culpa", no porque no fuera culpable del sacrificio de Mi Señor Jesucristo, pero perdonado al fin, incluso en algún ejercicio de parejas de Juntos y Unidos, le llegue a decir a mi esposa, ahora me siento Salvo y creo que por primera vez, ahora mi Señor es más importante que tú.

Fue entonces cuando, empecé a experimentar cambios en mis conductas, algunas de una forma consciente y otras que con el tiempo las descubrí, como por ejemplo compartirle con naturalidad a otros lo que estaba experimentando, por ejemplo a un maestro de guitarra que tuve, a 2 compañeros de trabajo, a compañeros motociclistas, respecto del porque ya nos los acompañaba el domingo, porque simplemente había encontrado algo mejor que no lo cambiaría por ellos y era precisamente a Jesucristo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.